martes, 15 de julio de 2014

Súper erupción de Toba, la casi extinción de la raza humana

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Se cree que la columna de humo del volcán Toba pudo alcanzar hasta 40 kilómetros de altura, esto es el doble de cualquier erupción catastrófica histórica.


En la isla de Sumatra, Indonesia, se encuentra el lago volcánico más grande del mundo. Tiene 100 kilómetros de largo por 35 de ancho. Es parte del cráter que produjo la erupción volcánica más impresionante que haya ocurrido desde que existe el género humano. Ocurrió hace 73 mil años, y fue tan impresionante que los efectos produjeron un invierno de seis años en todo el mundo, seguido de 1800 años de intenso frío.

Se cree que la columna de humo del volcán Toba pudo alcanzar hasta 40 kilómetros de altura, esto es el doble de cualquier erupción catastrófica histórica. Así es que las cenizas de la súper erupción se pueden encontrar en lugares tan distantes como la India o el sur de China. En el Océano Indico se descubrió una capa de cenizas de 12 centímetros de espesor, mientras que en el continente indio encontraron zonas con estratos de ceniza de entre 3 y 6 metros.

Antes de depositarse, esa ceniza estuvo en el aire durante meses filtrando los rayos solares. Esto cambió el clima mundial de forma radical, con un período de seis años de lo que se llama invierno volcánico. Se cree que la temperatura pudo haber bajado hasta 16 grados centígrados. Para que nos ubiquemos, el mundo ha pasado por diversos períodos climáticos a lo largo de sus miles de millones de años de “vida”. Períodos cálidos, y eras de hielo.

 Para el momento en que el súper volcán Toba entró en erupción se vivía lo que se llama una etapa interestadial, o sea algo de calor dentro de un período glacial. La súper erupción arrebató al mundo esos años de calor, y le robó los veranos durante seis años. Poco después le siguieron 1800 años de frío intenso, la etapa más fría de la última Glaciación, que había comenzado 100 mil años antes del presente, y terminó hace unos 10 mil años.


¿CASI NOS EXTINGUIMOS? 
Ahora, ¿nosotros dónde estábamos? Nuestra especie, Homo sapiens, se originó en África hace unos 200 mil años. Desde hace al menos 100 mil ya había humanos modernos viviendo en Medio Oriente, y para la época de la catástrofe de Toba, unos 70 mil años atrás, los Homo sapiens habían llegado a la India, por el sur de la península arábiga. Ya también habíamos poblado el Sudeste asiático y el sur de China. Europa sólo estaba habitada por los neandertales en esos tiempos, y en el resto del mundo todavía no nos conocían. Así que el devastador efecto de la súper erupción de Toba hace 73 mil años nos agarró en plena corriente colonizadora, y conviviendo con los neandertales en Medio Oriente. ¿Cómo sintieron estas dos especies humanas los efectos de esos seis años sin verano seguidos de 1800 años del frío más intenso? Hay dos posturas encontradas al respecto.

Una es la que puso sobre el tapete la importancia de Toba en la historia evolutiva de nuestro planeta, no sólo con respecto a nosotros. Fue propuesta por Stanley Ambrose en 1998. Ambrose, antropólogo de la Universidad de Illinois, Estados Unidos, relacionó estudios genéticos con la catástrofe de Toba. Es que los genetistas venían observando que las poblaciones humanas han pasado por cuellos de botella a lo largo de su historia evolutiva.

O sea reducciones drásticas de la población. La más importante la databan justo para la época de Toba. Allí entra Ambrose en 1998, y relaciona de forma directa los efectos devastadores de Toba en el clima mundial, con los cuellos de botella. Según él la catástrofe podría haber llevado a la humanidad a una casi extinción.

Sus conclusiones decían que toda esa corriente colonizadora humana que había partido de África para poblar la India y el Sudeste asiático se habría casi extinguido, permaneciendo con vida sólo las poblaciones de Homo sapiens que vivían en las zonas ecuatoriales tanto del sudeste asiático como de África. Ambrose incluso aducía que este invierno volcánico habría jugado un papel importante en la diferenciación humana. Según él, una combinación de aislamiento de poblaciones y adaptación a los ambientes locales podrían explicar cómo es que nuestra especie tiene tan poca diversidad genética, pero sí diferencias superficiales de los caracteres físicos.

O sea lo que comúnmente se llama razas geográficas. En palabras de Ambrose: “Cuando la diáspora de los humanos modernos africanos pasó a través del prisma del invierno volcánico de Toba, apareció un arco iris de diferencias”.

fuente y credito a www.alertacatastrofes.com