lunes, 31 de marzo de 2014

El terremoto peor es el que está por venir

"En los estados unidos estan Esperando from Hace Décadas des terremoto en California, en la zona de la falla de San Andrés. Hay numerosas Especulaciones Sobre CUANDO SE producira, Qué Intensidad de Tendra, Qué Daños provocará, Todo sobre la base de De que las Ciudades de La Zona, de como San Diego, San Francisco o Los Angeles, no sin Preparadas estan párr Evento de la ESA Naturaleza. "
 Desde <---> aimdigital.com.ar
Visita!!! --- www.aimdigital.com.ar

El terremoto que sacudió el sábado Los Angeles, aunque no provocó víctimas ni grandes daños materiales, causó pánico entre la población, que vive esperando el “Big one”, un poderoso sismo que, según vaticinan los expertos, puede provocar una catástrofe. Pero antes, en 2011, lo que aconteció fue un terremoto en la costa Este, que sacudió Washington y obligó a evacuar la Casa Blanca, algo todavía menos previsible que el esperado en la costa Oeste. Al día siguiente, otro terremoto sacudió al Perú y se sintió en Lima, ambos lejos del gran poder de los terremotos de Chile, el Japón o Haití.

 Los terremotos, como expresiones de una furia natural de origen desconocido, se han tomado al menos al nivel de las supersticiones populares, como castigo divino. Incluso la iglesia trató de vincular los hechos naturales con los pecados de los creyentes, convencidos de que hay una solidaridad entre actos y castigos de los que los terremotos, como las tormentas, las inundaciones, los diluvios, incluso las guerras y las catástrofes en general son pruebas convincentes. Antes del terremoto de Haití, diplomáticos alemanes inconcientes quizá de los prejuicios que ponían en juego, asombrados por la pobreza del país, concluyeron que se debía a la superpoblación, producto a su vez de la incontinencia sexual de los negros. Pero Haití no está más superpoblado que Alemania, lo que no se debía poner en cuestión como tampoco ninguna incontinencia de los germanos, ni sexual ni cervecera.

  La causa de los terremotos
Los terremotos son fenómenos naturales inevitables y por ahora impredecibles, aunque es posible prepararse, por ejemplo adaptando las construcciones, para ellos y sus efectos devastadores. Son producto de la presión ejercida las tres capas principales que integran la estructura de la tierra: el núcleo, formado por magma líquido; la capa intermedia o manto –que tiene cierta plasticidad- y la corteza terrestre, la superficie dura exterior. Esta presión ha fracturado la capa exterior creando segmentos conocidos como capas tectónicas. El movimiento de estas capas, a lo largo de millones de años, formaron el relieve terrestre, los valles y las montañas. El continuo movimiento de acercamiento y separación entre ellas de las capas tectónicas forma grietas activas, o fallas sísmicas, en zonas de a superficie donde se disipa la energía proveniente del núcleo terrestre. Esa disipación violenta y repentina es un terremoto. Un temblor de poco más de tres grados en la escala de Richter puede causar grietas y vidrios rotos en casas y algunos edificios. Pero un sismo de más de seis grados puede provocar derrumbes y muertes

  La teoría de las placas 
La teoría geológica de las placas tectónicas explica la estructura de la porción externa más fría y rígida de la Tierra. También explica la causa de los terremotos y los volcanes que se concentran en regiones del planeta como el cinturón de fuego del Pacífico o de por qué las grandes fosas submarinas están junto a islas y continentes y no en el centro del océano. Las placas tectónicas se desplazan unas respecto a otras con velocidades de 2,5 centímetros por año lo que es, aproximadamente, la velocidad con que crecen las uñas de las manos. Este movimiento, por lento que parezca, termina generando a lo largo de los milenios enormes presiones a lo largo de sus límites provocando intensas deformaciones en la corteza y litosfera de la Tierra, lo que ha dado lugar a la formación de grandes cadenas montañosas, como los Andes y los Alpes) y grandes sistemas de fallas asociadas con éstas.



 El contacto por fricción entre los bordes de las placas es responsable de la mayor parte de los terremotos. Otros fenómenos asociados son la creación de volcanes y las fosas oceánicas. Las placas en que está fracturada la corteza terrestre, de acuerdo con la geología son: La africana; antártica; arábiga; australiana, de cocos, del Caribe, escocesa, euroasiática, filipina, indoaustraliana, de Juan de Fuca, de Nazca, del Pacífico, norteamericana, y sudamericana. La teoría de la tectónica de placas fue forjada principalmente entre los años 50 y 60 y se le considera la gran teoría unificadora de las ciencias de la tierra, ya que explica una gran cantidad de observaciones geológicas y geofísicas de una manera coherente.

 El terremoto de Haití se produjo en enero de 2010, fue 7,3 grados en la escala de Richter, solo uno de los grandes movimientos de tierra que han afectado al mundo desde tiempo inmemorial, con mas violencia en la infancia del planeta que ahora, como el de Chile al mes siguiente y el del Japón seguido de un gran maremoto luego, y ahora el de la costa este de los Estados Unidos.En el caso de Haití, afectó a un país muy pobre, solo superado en esta materia por Bangla Desh, y conmovió a Port Au Prince, su capital, que concentra buena parte de la población. Provocó la muerte de al menos 200.000 personas, destruyó la precaria economía haitiana, dejó millones de personas heridas y sin vivienda e innumerables niños huérfanos. El terremoto que sacudió el 11 de marzo de 2011 a Japón, de 8,8 grados en la escala de Richter, según los medidores nipones, y 8,9 grados por el Instituto Geológico de Estados Unidos, es el cuarto mayor por intensidad de los que se tiene registro.

 El terremoto más mortífero registrado en el siglo XX sacudió la ciudad de Tangshan, en 1976, y con una intensidad de 7.8 grados en la escala Richter dejó un saldo de al menos 255 mil muertos. El más potente de todos fue el de Valdivia, en Chile en 1960, que tuvo una intensidad enorme, 9,6 en la escala de Richter, suficiente para provocar tsunamis hasta en las costas del Japón, en las antípodas y erupciones volcánicas. En 1556 se produjo un gran terremoto en Shansi, en la China, que dejó 830.000 muertos. No hay datos sobre su intensidad porque por entonces no se medía, pero fue muy potente a juzgar por la destrucción que provocó. En 1976 el terremoto de Tangshan, en la China, dejó 255.000 muertos. Fue de 7,5 grados en la escala de Richer. En 1138 un terremoto sacudió la ciudad siria de Alepo, y provocó 230 mil muertos. En 1927 otro terremoto dejó 200.000 muertos en Xining, en la China. 856 años antes de Cristo, hay registros de un movimiento que mató 200.000 personas en Damghan, en Irán. En 1920 en Gansu, China, uno de los terremotos más potentes, de 8,6 grados, provocó la muerte de 2000. En 893 antes de Cristo Ardabil, Irán, fue sacudida por un sismo que provocó alrededor de 150.000 muertos.

 En 1923 Kwanto, Japón, fue escenario de otro sismo muy potente, que mató a 143.000 personas. Se pueden recordar también el terremoto de Turkmenistán en 1948, que dejó 100.000 muertos y tuvo una fuerza de 7.3 grados, y el de Messina, en Italia, en 1908, que destruyó la ciudad siciliana y mató 100.000 personas. Su potencia fue de 7,2 grados. También en 1667 Shemakha, Azerbaiján, hubo 80 mil muertos, en 1728 , 77.000 muertos en Tabriz, Irán. En 1755 otro terremoto devastó Lisboa, donde produjo 77 mil muertos. 1970 se produjo un terremoto de 7,9 grados en la escala de Richter en el Perú, con 60.000 muertos. Sicilia había sido antes que en Messina escenario de otro sismo en 1693, con 60.000 muertos y cerca de allí, en Calabria, hubo un terremoto con 50.000 muertos en 1783. El terremoto de Chile n 1960, fue el más potente registrado, con una intensidad de 9,6 en la escala de Richter. Provocó enormes olas que recorrieron los océanos y erupciones volcánicas concomitantes.

  Escala de Richter
La escala sismológica de Richter, también conocida como escala de magnitud local (ML), es una escala logarítmica arbitraria que asigna un número para cuantificar el efecto de un terremoto, denominada así en honor del sismólogo estadounidense Charles Richter (1900-1985). Esta escala de magnitud local y solo aplicable a los terremotos originados en la falla de San Andrés, fue desarrollada por Charles Richter con la colaboración de Beno Gutenberg en 1935, ambos investigadores del Instituto de Tecnología de California, con el propósito original de separar el gran número de terremotos pequeños de los menos frecuentes terremotos mayores observados en California en su tiempo. La escala fue desarrollada para estudiar únicamente aquellos terremotos ocurridos dentro de un área particular del sur de California cuyos sismogramas hayan sido recogidos exclusivamente por el sismómetro de torsión de Wood-Anderson. Richter reportó inicialmente valores con una precisión de un cuarto de unidad, sin embargo, usó números decimales más tarde.

 Richter calculó que la magnitud de un terremoto o sismo puede ser medida conociendo el tiempo transcurrido entre la aparición de las ondas P y las ondas S, y la amplitud de éstas. Las primeras hacen vibrar el medio en la misma dirección que la del desplazamiento de la onda, son ondas de compresión y expansión. De velocidad de propagación muy rápida (de 5 a 11 km/s), son las primeras en aparecer en un sismograma. A continuación, llegan las llamadas ondas S, que hacen vibrar el medio terrestre en sentido perpendicular a la dirección de su desplazamiento.

 La escala de Richter no es lineal sino logarítmica y refleja la energía que se desprende en un terremoto. El logaritmo incorporado a la escala hace que los valores asignados a cada nivel aumenten de forma exponencial, y no de forma lineal. Richter tomó la idea del uso de logaritmos en la escala de magnitud estelar, usada en la astronomía para describir el brillo de las estrellas y de otros objetos celestes. Richter arbitrariamente escogió un temblor de magnitud cero para describir un terremoto que produciría un desplazamiento horizontal máximo de un metro en un sismograma trazado por un sismómetro de torsión Wood-Anderson localizado a 100 km de distancia del epicentro. Esta decisión tuvo la intención de prevenir la asignación de magnitudes negativas. Sin embargo, la escala de Richter no tenía límite máximo o mínimo, y actualmente habiendo sismógrafos modernos más sensibles, éstos comúnmente detectan movimientos con magnitudes negativas.

 El terremoto que sacudió Concepción, en Chile, el 27 de febrero de 2010, que dejó puertos destruidos, plantas forestales paralizadas y bodegas viñateras devastadas, son parte del complejo escenario implicarían pérdidas por 30.000 millones de dólares por el terremoto de Chile, de acuerdo con estimaciones de la consultora estadounidense Eqecat.La consultora, especializada en desastres, basó su cálculo en el “daño masivo” a la economía chilena. Daños en infraestructura y en áreas económicas clave podrían resentir la tasa de crecimiento prevista para 2010. Además de las pérdidas humanas y las 500 mil viviendas destruidas, el terremoto ha paralizado total o parcialmente a importantes industrias del país. El entonces presidente electo, Sebastián Piñera, validó la cifra planteando que sólo “en vivienda podemos tener 20 mil millones de dólares. En hospitales, cuatro o cinco mil millones de dólares. Sumemos el daño en infraestructura vial, sumemos el daño en el Sistema Interconectado Central (SIC), en fibra óptica, el daño en todo el borde costero…

No tengo la cifra exacta, pero pueden ser del orden de los 30 mil millones”, dijo el actual presidente. El terremoto de Chile de 2010 fue un sismo ocurrido a las 3:34:14 hora local el sábado 27 de febrero de 2010, que alcanzó una magnitud de 8,8 MW. El epicentro se ubicó en el océano Pacífico, frente a las localidades de Curanipe y Cobquecura, cerca de 150 kilómetros al noroeste de Concepción y a 63 kilómetros al suroeste de Cauquenes, y a 30,1 kilómetros de profundidad bajo la corteza terrestre. Tuvo una duración de cerca de dos minutos 45 segundos, al menos en Santiago. Fue percibido en gran parte del Cono Sur con diversas intensidades, también en Buenos Aires y San Pablo. Las zonas más afectadas por el terremoto fueron las regiones chilenas de Valparaíso, Metropolitana de Santiago, O’Higgins, Maule, Biobío y La Araucanía, que acumulan más de 13 millones de habitantes, cerca del 80 por ciento de la población del país. En las regiones del Maule y del Biobío, el terremoto alcanzó una intensidad de IX en la escala de Mercalli, arrasando con gran parte de las ciudades como Constitución, Concepción, Cobquecura y el puerto de Talcahuano. Además, el centro de Talca (considerado como su gran casco histórico) quedó destruido casi en su totalidad.

En las regiones de La Araucanía, O’Higgins y Metropolitana, el sismo alcanzó una intensidad de ocho provocando importante destrucción en la capital, Santiago de Chile, en Rancagua y en las localidades rurales. Las víctimas fatales llegaron a un total de 525 fallecidos. Cerca de 500 mil viviendas sufrieron daño severo y se estimándose un total de dos millones de damnificados, en la peor tragedia natural vivida en Chile desde 1960. Un fuerte tsunami impactó las costas chilenas como producto del terremoto, destruyendo varias localidades ya devastadas por el impacto telúrico. Debido a un problema de comunicación generado por el terremoto y confusiones por parte de los organismos encargados de enviar la alarma de tsunami, no se alertó a la población acerca del evento que ocurriría 35 minutos después del terremoto. El archipiélago de Juan Fernández, pese a no sentir el sismo, fue impactado por las marejadas que arrasaron con su único poblado, San Juan Bautista. El Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico generó pocos minutos después del terremoto una alerta de tsunami para el océano Pacífico, que se extendió posteriormente a 53 países ubicados a lo largo de gran parte de su cuenca, llegando a Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, la Antártida, Nueva Zelanda, la Polinesia Francesa y las costas de Hawai.

  Cómo actuar ante un terremoto
Los terremotos no se pueden evitar, son una característica de nuestro planeta que pone en juego fuerzas enormes, incomparablemente mayores a las que nuestra técnica puede manejar. Para detenerlos habría que hacer cesar casi los procesos convectivos del interior de la Tierra, impidiendo el movimiento relativo de las placas listosféricas. Sólo se producirían entonces los sismos pequeños causados por el peso de las montañas y los derrumbes en minas y cavernas, que no generan ondas sísmicas peligrosas. Se ha propuesto lubricar las fallas para que el movimiento relativo de sus lados se lleve a cabo suavemente. Pero además del problema de la enorme cantidad de lubricantes que se necesitaría y de cómo llevarla a muchos kilómetros de profundidad, que es hasta donde llegan las áreas de ruptura se necesitarían presiones enormes para poderlo introducir en el plano de la falla. Todo esto supera la tecnología actual y sería inútil para terremotos ocurridos en rupturas nuevas.

 Una manera de evitar los grandes terremotos podría ser “disparar” periódicamente sismos pequeños o intermedios en las fallas accesibles, aunque el método sería inútil para sismos originados a mas de 600 metros de profundidad, como la de San Andrés, para evitar la acumulación de esfuerzo en el terreno que al final, cuando el material se rompe, produce el terremoto. Con este fin se podría inyectar algún líquido a presión; se ha observado que el inyectar agua en los campos petroleros induce sismicidad. También los cambios en la presión, inducidos por cargas en la superficie, pueden disparar sismos, como se ha observado al llenar varias presas. La liberación tectónica, asociada con explosiones nucleares subterráneas, puede ser otra manera de “purgar” periódicamente una falla. Desgraciadamente todos los métodos propuestos tienen muchas desventajas y, sobre todo, más incertidumbre que ventajas.

Además de ser en su mayoría incosteables, se necesitaría conocer, en todo momento y a todo lo largo de las fallas en cuestión, su estado de esfuerzo, pues el sismo disparado podría resultar un terremoto enorme correspondiente a la energía que, si se hubiera dejado en paz a la falla, podría haberse tal vez liberado en forma de varios sismos menores. Es posible que cuando se conozca mejor el proceso sísmico sea posible descubrir un método confiable de evitar los terremotos; aunque considerando lo enormes que son los esfuerzos, energías, volúmenes, etc., involucrados en el proceso sísmico, comparados con el poder del hombre, es mejor, por lo pronto, conformarse con prepararse a hacerle frente a los terremotos.

VER ARTICULO COMPLETO , VISITA --> http://www.aimdigital.com.ar/2014/03/31/el-terremoto-peor-es-el-que-esta-por-venir/

fuente y credito a aimdigital.com.ar