viernes, 14 de junio de 2013

El golpe vendrá del cielo


¿Qué terminará con la vida en la tierra?. Foto: ilustrativa: captura TV


La Tierra ha sufrido desde que hay vida en ella episodios de extinciones masivas, como el que terminó con los dinosaurios, y otros anteriores aún mayores, que provocaron la desaparición de más del 90 por ciento de las especies.


Los paleontólogos vieron poco a poco que estos episodios catastróficos parecían responder a ciclos, porque se repetían con distinta intensidad cada 26 millones de años, de modo que entrevieron una causa recurrente. El astrónomo Richard Müller, de la universidad de California, propuso en 1984 la hipótesis de que la responsable de estos eventos destructivos era una estrella oscura, quizá una enana blanca o marrón, que formaría un sistema binario con el sol en una órbita que la lleva a acercarse más o menos cada 26 millones de años lo bastante como para interferir con la nube de asteroides de Oort, situada en los límites externos del sistema solar, y enviar gracias a su gran fuerza gravitatoria miles de ellos hacia el Sol, con el resultado de que algunos chocan con la Tierra.

Qué es Némesis
Según publicaron entonces en la revista Nature el mismo Müller y los físicos Piet Hut y Mark Davis, ambos de Princeton, Némesis sería una estrella oscura y pequeña con una órbita decenas, centenas o hasta millares de veces más distante que la de Plutón. Némesis es por ahora hipotética, porque los astrónomos la han buscado pero no la han encontrado, aunque han admitido que si fuera una enana marrón dar con ella sería como encontrar una aguja en un pajar. Según la hipótesis, cada 26 a 34 millones de años, Némesis pasaría cerca o entraría en la nube de Oort. El efecto sería interferirla con su potente gravedad y lanzar grandes cometas en dirección al Sol. Así se explicaría la periodicidad de las lluvias de cuerpos celestes grandes que impactan la Tierra, el más conocido el que cayó en Yucatán hace 70 millones de años y extinguió los dinosaurios y muchos otros animales y vegetales. Esta periodicidad fue confirmada por el registro fósil y los estratos geológicos de iridio extraterrestre.



 Sin embargo, no solo Némesis no ha sido encontrada sino que no se ha registrado el campo gravitatorio ineludiblemente asociado a una estrella, mucho mayor que el de cualquier planeta, por lo que la hipótesis no ha tenido aun suficiente crédito. Müller dijo que si le dieran un millón de dólares, descubriría a Némesis, que de acuerdo con suposiciones de otros físicos, como Whitmire y Matese, podría ser un pequeño agujero negro. Hace casi 30 años, Némesis, que lleva el nombre de la diosa griega de la venganza o de la justicia retributiva, va y viene por los escenarios científicos, a veces ridiculizada y otras sustentada aunque la consideración que merece oscila entre la desconfianza y la burla. En octubre de 1999, el astrónomo británico John Murray anunció haber descubierto un noveno planeta estudiando cometas en los márgenes del Sistema Solar. Dijo que su cuerpo celeste giraba alrededor del Sol 1000 veces más alejado que Plutón, pero su descubrimiento no pudo ser verificado. En una de sus reapariciones en el escenario científico, astrónomos norteamericnos estimaron que Némesis, si existe, es una enana marrón.

Esta idea se basaba en estudios de Matese sobre las órbitas de ochenta y dos cometas de la nube de Oort, que presentaban elementos extraños pero comunes a todos ellos que sólo se podían explicar por la influencia gravitacional de un objeto varias veces mayor que Júpiter, el planeta más grande del sistema solar. Se trataría de un cuerpo celeste 30.000 veces más lejos del Sol que la Tierra, y que giraría en una órbita en sentido contraria a los demás. Murray calculó una órbita que se completaría en unos seis millones de años y estimó su distancia al Sol en casi cinco billones de kilómetros. De todos modos, no hay pruebas de que Némesis o lo que sea que nos causa tantos problemas de tanto en tanto exista, aunque los efectos de que llevarian a conjeturar su presencia son reales.

  Del gradualismo al catatrofismo
Ya en el siglo XIX se vio que la vida en la Tierra había sufrido fuertes sobresaltos, no seguía una línea continua de evolución sino que en ocasiones parecía retroceder a veces hasta llegar al borde de la extinción. Esta constatación era contraria al gradualismo imperante entonces, que no preveía catástrofes que pudieran alterar la uniformidad del desarrollo. Pero el acopio de datos desde entonces ha permitido establecer casi sin dudas que los episodios de extinción relativa se repiten periódicamente cada 26 a 32 millones de años, otros más fuertes cada 80 a 90 millones de años y las catástrofes mayores que ponen la vida al borde de la desaparición, cada 225 a 275 millones de años. Este último gran ciclo coincide con el que el Sistema Solar realiza a través del plano de la Vía Láctea. Semejante viaje interpondría de forma periódica grandes nubes de polvo galáctico entre el Sol y la Tierra, impidiendo el paso de la luz y destruyendo el equilibrio ambiental. Los dinosaurios reinaron en la tierra entre dos grandes extinciones, la que sucedió hace más de 200 millones de años y la que los extinguió hace 70 millones.

Todas las especies de dinosaurios desaparecieron de la Tierra y quizá permitieron que nosotros estemos acá porque con ellos presentes los mamíferos, que por entonces eran del tamaño de una laucha, no hubieran prosperado. La causa de esta extinción masiva y casi repentina sigue discutida, pero muchas ventajas tiene la hipótesis de la caida de un gran meteorito, del tamaño de una montaña, en la península de Yucatán, en México. Ese meteorito habría sido arrojado al interior del sistema solar desde la Nube de Oort por Némesis, en uno de sus acercamientos al Sol, su estrella binaria. En 1980 se mencionó por primera vez en ámbitos científicos la relación de la extinción de hace 70 millones de años con una causa extraterrestre: el impacto de un meteorito. La relación se hizo porque poco antes se había encontrado iridio en grandes cantidades en rocas datadas en aquellos tiempos, y el iridio, muy escaso en la tierra, es abundante en los meteoritos. Luego se encontraron otros indicios que reforzaron el del iridio en cuarzos derretidos por impactos o registros de gigantescos incendios a escala planetaria en esas épocas. Némesis, el gran astro elusivo, cada 26 o 32 millones de años lanza sobre nosotros una lluvia de piedras que dura centenares de miles de años.

 Durante esta grandiosa tormenta se producirían una media de diez grandes impactos a intervalos de cincuenta mil años. Hasta ahora los astrónomos consideran que el sol es una estrella solitaria, pero en el Universo son más bien raras. La mayoría integran sistemas dobles o triples. De todos modos, es raro que una estrella como Némesis está tan alejada del sol en órbita mutua con él. En los sistemas dobles conocidos las estrellas constitiyentes están mucho más cerca. Nadie ha visto a Némesis, de modo que debe tener muy poco brillo. Por eso cabe conjeturar que sería una enema marrón demasiado pequeña para ser luminosa pero con gravedad bastante para perturbar el sistema solar.

A favor de Némesis 
Si bien Némesis tiene muchos científicos en la duda, en la oposición e incluso en la burla, hay algunos argumentos a favor de su existencia: 1) Regularidad en el registro de las extinciones La base de la teoría implica la aceptación de una regularidad en las extinciones masivas producidas en el registro de formas de vida de nuestro planeta. Quienes notaron esto fueron Dave Raup y Jack Sepkoski, dos respetados paleontólogos, cuando reunieron gran cantidad de datos de las extinciones que se detectan en el registro de los seres vivos (estratos de fósiles con enorme contenido de material) y obtuvieron la curva que se observa abajo. 2) Iridio en las capas fósiles. Otra evidencia de grandes impactos sobre el planeta es dada por el hallazgo de grandes concentraciones de iridio en las rocas fosilíferas. El iridio no es común en la corteza terrestre, pero sí lo es en los objetos extraterrestres como los cometas. Se han encontrado rastros de iridio en más de veinticinco sitios paleontológicos alrededor del mundo. Está presente en el registro de fines del Cretáceo y principios de la era Terciaria, que marca la época de la extinción de los dinosaurios. En la zona de piedra caliza fosilífera llamada “divisoria K/T” se puede encontrar una capa de arcilla roja que es 600 veces más rica en iridio que las todas rocas adyacentes.

Esta capa fue encontrada en veinticinco sitios y se ha demostrado que proviene de un mismo origen, midiendo la concentración de otros elementos que acompañan al iridio, tales como renio, oro y platino. La concentración en todos los sitios de estos elementos es tan uniforme que sólo puede explicarse como proveniente del impacto un único asteroide o cometa. Del estudio de estas concentraciones de elementos, se ha deducido que la cantidad de iridio presente provendría de un asteroide de unos 10 kilómetros de diámetro que se estrelló en la Tierra. Un impacto de esta magnitud produciría una enorme cantidad de polvo muy fino que se extenderían por la estratósfera, produciendo oscurecimiento y, además y como consecuencia, un fuerte enfriamiento del planeta, condición que crearía un entorno inhabitable para la mayoría de las criaturas de la época. 3)Análisis de los meteoritos Otra línea de evidencia, no relacionada con efectos terrestres, se basa en la exposición a los rayos cósmicos que sufren los meteoritos en el espacio. Se puede determinar si un cuerpo ha estado expuesto a estas radiaciones midiendo la cantidad presente de cierto tipo de isótopos, como el Neón 21. Usando esta medición, se puede saber cuánto tiempo ha estado un meteorito en el Sistema Solar.

 Y se ha encontrado que los meteoritos creados por impacto de cometas han caído a la Tierra aproximadamente al mismo tiempo que las tres últimas extinciones masivas. Los meteoritos que han sufrido el impacto de un cometa tienen un alto contenido de hierro en forma de chronditas H. El hierro que contienen proviene del núcleo de asteroides o planetas que han sido golpeados por cometas. Se ha encontrado una correlación entre la presencia de chronditas H y las extinciones masivas. 4)Inversiones del campo magnético Con el descubrimiento del paleomagnetismo, se ha agregado otra prueba a las evidencias que presenta la teoría de Némesis. Se ha analizado la hipótesis de que, al hacer impacto un cometa en la superficie de la Tierra, las altas temperaturas de la catástrofe evaporan gran cantidad de agua que luego, al producirse el enfriamiento masivo del planeta, se congelan en los polos. Debido a la conservación del momento angular, esta redistribución de masa es una agitación suficiente como para alterar el campo magnético terrestre. Se han producido inversiones geomagnéticas doscientos noventa y seis veces, cada aproximadamente treinta millones de años. Lo cual coincide con la teoría de la estrella mortal. 5)Descenso del nivel del mar Otro efecto del congelamiento de grandes masas de agua es el descenso del nivel de los océanos. Se ha demostrado que esto ocurrió en la divisoria K/T. 6)Las estrellas binarias son comunes Más del 50 por ciento de las estrellas de nuestra galaxia son parte de un sistema binario, lo cual ayuda a apoyar la posibilidad de que nuestro Sol posea una estrella compañera, que posiblemente sea una enana marrón.

En contra de Némesis
Pero si hay argumentos a favor, no faltan en contra: para explicar el enfriamiento del planeta causado por un oscurecimiento puede usarse el aumento periódico del vulcanismo, aunque acá se presentan problemas para explicar la periodicidad de los fenómenos. Por otra parte, si los cometas se desplazan desde la Nube de Oort al interior del sistema solar se puede deber a causas diferentes de Némesis. El Sistema Solar pasaría a través de nubes gigantes de polvo molecular que podrían producir desplazamientos orbitales. Sin embargo, este tipo de nubes están en un estado demasiado alto de dispersión como para que se produzca una fuerza gravitatoria suficiente. Además, sin que genere más adhesión en los escépticos que Némesis, está la hipótesis del planeta X, que implica la existencia de un disco interior en la nube de Oort, y los cálculos indican que esto no sería posible por problemas de estabilidad. Otro argumento es el que entiende que los dinosaurios se extinguieron rápido, pero no tanto.

 Habrían declinado lentamente sin necesidad de catástrofe. Además, volviendo a la astronomía, la órbita elíptica de Némesis no se mantendría indefinidamente. La estrella compañera, tal lejos del sol, se habría alejado definitivamente hace mucho. No obstante, Piet Hut publicó una demostración de que Némesis podría mantener su órbita “inestable” otros mil millones de años. En el observatorio Leuschner, de Lafayette, California, Estados Unidos, están buscando a Némesis con un telescopio automático. No se ha detectado, pero los investigadores no tienen los recursos que necesitan. Otro telescopio, el Large Aperture Synoptic Survey, podría terminar según Müller la discusión de modo de demostrar que existe la estrella o no.

fuente y credito a  aimdigital