La colisión entre astros que creó una clase exótica de meteoritos


El meteorito Esquel, de hierro-níquel y olivino, fue descubierto en la zona central de Argentina. (Foto: Arlene Schlazer)


Algunos de los meteoritos caídos en la Tierra presentan un aspecto muy peculiar y bello, conteniendo cristales translúcidos de tonalidad verde oliva empotrados en una masa de hierro-níquel. Estas "gemas cósmicas", conocidas como "palasitos" por el nombre de su descubridor, el alemán Peter Pallas (1741-1811), quien realizó buena parte de su trabajo científico en Rusia, han fascinado a los científicos desde que se identificaron por primera vez como procedentes del espacio exterior, hace más de 200 años. Ahora, un nuevo estudio demuestra que sus orígenes son aún más espectaculares de lo que se pensaba. Un equipo de geofísicos, dirigido por John Tarduno, de la Universidad de Rochester en Estados Unidos, ha demostrado que los palasitos probablemente se formaron cuando un asteroide pequeño chocó contra un cuerpo planetario de unos 400 kilómetros de diámetro, unas 30 veces menos que el diámetro de la Tierra.
La colisión provocó la mezcla de materiales que resulta característica en la composición de esos meteoritos. Con sus 400 kilómetros de diámetro, y por otros rasgos, a ese antiguo astro se le puede considerar un protoplaneta. Los palasitos están hechos básicamente de hierro-níquel y un mineral translúcido, con propiedades de gema, el olivino. Esto ha llevado a muchos científicos a suponer que los palasitos se formaron cuando estos dos materiales se juntaron en la frontera entre el núcleo de hierro y el manto rocoso de un asteroide o de otro cuerpo planetario.El equipo de Tarduno y Francis Nimmo (Universidad de California en Santa Cruz) descubrió que los diminutos granos de metal en el olivino fueron magnetizados en una dirección común, una revelación que ha llevado a los investigadores a concluir que los palasitos en realidad debieron formarse mucho más lejos del núcleo. La nueva explicación es que el hierro fundido del núcleo del asteroide más pequeño se inyectó en el manto del cuerpo más grande, creando las texturas que vemos en los palasitos.

fuente, noticiasdelaciencia

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